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Wednesday, May 11, 2016

La virtud de la Prudencia

La prudencia es una de
esas virtudes de las que apenas se habla y que,
sin embargo, resulta ser una clave en el dificílisimo arte
de ordenarnos rectamente en nuestra relación con el prójimo.
No nacemos prudentes, pero debemos hacernos prudentes por el ejercicio de la virtud.
Y no es tarea fácil.
 El pensamiento puede descarriarse como se descarría la
voluntad, porque está expuesto a las mismas pasiones y a los mismos condicionamientos.
Pensar y bien exige una gran atención, no sólo sobre las cosas,
sino principalmente sobre nosotros mismos.
Hay que saber estar atentos sobre las razones, pero mucho más sobre nuestras pasiones que son las que nos impulsan al error.
Porque los hombres solemos errar por precipitación en nuestros juicios, afirmando cosas que la razón no ve claras, pero que estamos impulsados a afirmar como desahogo de nuestras pasiones.
Quien no sabe controlar sus pasiones, tampoco sabrá controlar sus razones y se hace responsable moral de sus yerros.
La razón es la que ha de regir nuestra conducta en la verdad y por eso la prudencia es la primera de las virtudes cardinales.
Pero la verdad requiere tener sosegada el alma para conseguir tener sosegada la mente con objetivas razones.

Descubriendo el Siglo 21
Discovering 21century
Fr Tomás Del Valle-Reyes
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