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Saturday, November 21, 2015

Los que ponen a trabajar la lengua, destruyen, hacen guerra.

- Papa Francisco Homilía en Santa Marta, Ciudad del Vaticano, 10 de septiembre de 2015

Existen las guerras y existe esa maldad de preparar la guerra, de construir armas contra el otro, 
para matar Un mensaje de Paz y reconciliación es el que nos ha regalado el Santo Padre en su reflexión de la homilía celebrada en la Capilla de Santa Marta 
"¡Un sacerdote que no es misericordioso hace tanto mal en el confesionario!"
es parte de la exhortación del Papa Francisco dirigida a todos los sacerdotes que administran en sacramento de la reconciliación. 
Además el Papa ha hecho un llamado a la paz, y denunció que "¡Existen las guerras y existe esa maldad de preparar la guerra, de construir armas contra el otro, para matar!" 
y aseguró que todo esto "aniquila". 
A continuación su reflexión: Jesús es el Príncipe de la paz porque genera paz en nuestros corazones. 
¿Solemos agradecer este don de la paz que hemos recibido en Jesús?. 
La paz ha sido hecha, pero no ha sido aceptada. 
¡Existen las guerras! y la maldad para construir armas de guerra 
También hoy, todos los días, en los telediarios, en los periódico vemos que hay guerras, vemos las destrucciones, el odio y la enemistad. 
También hay hombres y mujeres que trabajan tanto – ¡pero trabajan tanto! – parafabricar armas para matar, armas que al final terminan bañadas en la sangre de tantos inocentes, de tanta gente. ¡Existen las guerras y existe esa maldad de preparar la guerra, de construir armas contra el otro, para matar!
La paz salva, la paz te hace vivir, te hace crecer; la guerra te aniquila, te lleva hacia abajo. 
Si no sabes perdonar, no eres cristiano. 
Sin embargo la guerra no es sólo ésta, está también en nuestras comunidades cristianas, entre nosotros. 
Y éste es el consejo que nos da el evangelio: "Hagan la paz entre ustedes"
El perdón es la palabra clave. 
Como el Señor los ha perdonado, así hagan también ustedes. 
Si tú no sabes perdonar, no eres cristiano. 
Serás un buen hombre, una buena mujer… Pero no haces lo que ha hecho el Señor. 
Y también: si tú no perdonas, no puedes recibir la paz del Señor, el perdón del Señor. 
Y cada día, cuando rezamos el Padrenuestro: «Perdónanos, como nosotros perdonamos…». 
Es un condicional. 
Tratamos de convencer a Dios que somos buenos, como nosotros somos buenos perdonando: al revés.
Palabras, ¿no? Como cantaba aquella bella canción: "Palabras, palabras, palabras", ¿no? Creo que la cantaba Mina… ¡Palabras! ¡Perdónense! Como el Señor los ha perdonado, así hagan ustedes.
La lengua destruye, hace la guerra 
Hay necesidad de paciencia cristiana. 
Cuántas mujeres heroicas hay en nuestro pueblo que soportan por el bien de la familia y de los hijos, tantas brutalidades, tantas injusticias: soportan y van adelante con la familia. 
Cuántos hombres heroicos hay en nuestro pueblo cristiano que soportan levantarse temprano por la mañana para ir al trabajo – tantas veces un trabajo injusto, mal pagado – para regresar por la noche, para mantener a la esposa y a los hijos.
Estos son los justos. 
Pero también están aquellos que hacen trabajar la lengua y hacen la guerra, porque la lengua destruye, ¡hace la guerra!. 
Hay otra palabra clave que dice Jesús en el Evangelio: "misericordia". 
Es importante comprender a los demás, no condenarlos. 
Sacerdotes misericordiosos en el confesionario El Señor, el Padre es tan misericordioso siempre nos perdona, siempre quiere hacer la paz con nosotros.
Pero si tú no eres misericordioso corres el riesgo de que el Señor no sea misericordioso contigo, porque nosotros seremos juzgados con la misma medida con la que juzgamos a los demás. 
Si tú eres sacerdote y no te sientes capaz de ser misericordioso, dile a tu obispo que te dé un trabajo administrativo, pero ¡por favor, no vayas al confesionario! 
¡Un sacerdote que no es misericordioso hace tanto mal en el confesionario!
Bastonea a la gente. «No, Padre, yo soy misericordioso, pero soy un poco nervioso…»
Es verdad… Antes de ir al confesionario ¡ve al médico para que te dé una pastilla contra los nervios! ¡Pero sé misericordioso!. 
Y también misericordiosos entre nosotros. 
«Pero aquel ha hecho esto… ¿Yo qué cosa he hecho?»; «¡Aquel es más pecador que yo!». 
¿Quién puede decir esto, que el otro es más pecador que yo?
¡Nadie puede decir esto! Sólo el Señor sabe. 
Así como enseña San Pablo, es necesario revestirse con sentimientos de ternura, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de magnanimidad, éste es el estilo cristiano, el estilo con el que Jesús ha hecho la paz y la reconciliación. 
No es la soberbia, no es la condena, no es hablar de los demás. 
Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia de soportarnos recíprocamente, de perdonar, de ser misericordiosos, como el Señor es misericordioso con nosotros.
-Papa Francisco Homilía en Santa Marta, Ciudad del Vaticano, 10 de septiembre de 2015